La vieja fábula “Los ratones poniendo el cascabel al gato”, del sabio Esopo podría ejemplificar lo que nos sucede en Tucumán con los problemas crónicos que arrastramos desde hace varios lustros. La basura es uno de los asuntos centrales de nuestra sociedad. Tiene el triste mérito de surcar la tierra, el agua y el aire. Hace pocas semanas, el Gobierno provincial decidió crear la Secretaría de Saneamiento y Mejoramiento de los Espacios Públicos, cuya misión específica es limpiar los accesos a San Miguel de Tucumán.
En los últimos días, una controversia se suscitó, cuando se anunció que para sancionar a los infractores, se aplicaría el Código de Contravenciones Policiales, que sigue vigente desde la época de la última dictadura militar, pese a haber sido declarado inconstitucional. Se establecieron penalidades equivalentes al precio de la nafta súper expedida por YPF. Las sanciones pecuniarias se incrementarán de un mínimo de $ 600 a $ 1.200, y de un tope de $ 5.000 a $1 0.000.
Según se informó, la Legislatura modificará la ley N° 7.883, sancionada en 2007, que prohibía el traslado de residuos en vehículos no habilitados y la conformación de los basurales clandestinos. La autoridad de aplicación pasarían a ser la nueva Secretaría de Saneamiento y la Policía.
El titular de la cartera que depende del Ministerio de Economía, había anunciado que, para perseguir a quienes arrojan basura en lugares prohibidos, se iba a recurrir a la Policía. “No se multó todavía a nadie. La ley vigente para hacerlo será la número 7.883, la Secretaría de Saneamiento tendrá la potestad como autoridad de aplicación”, declaró. Anunció también que sobre la avenida Circunvalación, uno de los sectores con mayor basura, construirán asadores para que las familias puedan disfrutar a la vera del río Salí. “Es un cambio importante. Estamos emparejando el lugar para hacer los asadores... Trataremos de hacer baños, de poner agua y electricidad. Transformamos el basural en un lugar para hacer ejercicio y para la familia”, dijo. El secretario de Saneamiento añadió que esta trabajando con todos los municipios de la provincia y habilitarán próximamente una línea gratuita para que el vecino denuncie la existencia de los vaciaderos.
Con buen criterio, el intendente capitalino se opuso a que se multara a los carreros, a los que hay que concientizar y buscarles una mejor ocupación y manifestó su acuerdo con que se sanciones a los conductores de camionetas que arrojan residuos.
Hasta el momento se ha hablado mucho de castigos, pero muy poco de educación. La idea de construir asadores a la vera del Salí es buena, pero qué pasará con la higiene del lugar, ¿lo mismo que ocurre otros lugares que quedan tapizados de basura? ¿Se limpiará primero el río para dar el ejemplo?
Si desde jardín de infantes hasta la universidad se inculcara la instrucción cívica, si se alfabetizara a los adultos en las zonas marginales; si se incluyera socialmente no solo a los carreros a través de la enseñanza de un oficio o agrupándolos en cooperativas, si existiese una patrulla comunitaria que trabajara a diario con los vecinos en la concientización de esta y otras transgresiones, así como en materia de seguridad, en la prevención del delito, los gobernantes no hablarían tanto del crimen y el castigo. Seguramente, habría más herramientas para aceptar el desafío de ponerle, finalmente, el cascabel al gato.